He conformado un mar de lágrimas;
un mar en el que intervienen tormentas,
desastres, quietudes, silencios.
Un mar del bien y del mal.
Navego en mi pasado,
veo los rostros que ya se fueron,
siento las caricias que ya no se dan,
pienso en el acto afligido.
Navego en mi pasado,
tratando de revivir situaciones,
anhelando reconstruir sonrisas,
deseando poder quitar la mano del error.
Del todo que hubo en mis manos, del exceso,
reaccionaba,
manifestaba,
no podía estar en quietud.
Ahora sin ti,
mi vida está destinada al desconsuelo.
Te clamo en las noches, clamo sentir tu energía;
pido a la existencia compartir tu aire de nuevo.
No singlo, no hay dirección para nada.
Reiterativo soy en mis lamentos,
lamentos de un ser, de un alma,
que quiere llegar a un buen navegar.
Navego en mi presente.
No me explico el por qué del curso que ahora tiene mi vida,
no comprendo lo que sucede a mi alrededor.
No soy capaz de dar explicación de un origen.
Navego en mi presente,
navego sin rumbo alguno,
esperando solitario a que mi ser encuentre alivio,
a que esté en tranquilidad.
Disturbios caóticos, diluvios de sentimientos;
cruzo,
respiro,
trato de ponerme en quietud.
Nunca había arrepentido sentimiento en mi corazón,
hoy lo hago, consciente del daño que causé, que causamos,
comprendiendo tu dolor, aceptando tu legado,
pidiéndote que regreses.