Camino y está ahí,
respiro y está ahí,
observo y está ahí,
siento... y confirmo que está ahí.
En las noches cuando tengo mi cabeza en la almohada
me abraza, duerme conmigo.
En los días cuando tomo mis decisiones,
es insidiosa y mordaz.
Es una adicción en lo absoluto sana;
no poder ver el cielo tranquilamente,
no poder amar plenamente,
no poder hablar fluidamente.
Hasta en los más vagos rincones del ser se puede alojar,
desinflando esperanzas.
Hasta en el sentimiento más puro se puede entrometer,
acabándolo ferozmente.
Angustia, horrible sentimiento,
cegadora en las situaciones,
maldita en la paz.
¡Te destierro de mí,
de mi boca ya no sacarás más provecho,
a mis manos no las harás más temblar,
mi corazón no se agitará más por ti!
Basta.