Ay de la muerte
y de sus extrañas manos,
pues en mi rostro se posarán
y quizá el dolor
ya no sea.
Ay de la vida
y de sus extrañas manos,
pues hoy hay candor en mi rostro
y mis ojos son universo,
son infinito.
El dolor es.
Ay de mí
y de mi extraño subconciente,
pues soy pero no me sé
y me siento oscilar
entre mis muertes
y cada digno amanecer.
Ay de lo no verbalizado
y de su intrínseca incertidumbre.
Hoy soy mi nombre
y lloro y río en mi pasado.
Ay de nosotros los humanos
y de nuestras extrañas manos.
El latir se extingue
/en la irónica incertidumbre
de la permanencia eterna del sentir.
Ay de lo no verbalizado...