Cuando parece el fuego mermar
es cuando más se intensifica.
Trato de respirar
pero el aire aviva las llamas
que trato de esconder
y de ignorar.
Pero mi alma está ardiendo.
Mi sombra es el refugio
de mi pasado calcinado,
pero existente
a los ojos de mi presente.
Pero no puedo comprender.
Los días pasan
y la calma se ha tergiversado;
la tranquilidad ha llegado,
trata de habitar en mí.
Pero me incomoda.
Fuego en lo más de mí...
mi alma grita
pidiendo humanidad,
pidiendo banalidad,
pidiendo espíritu
y exigiendo su naturaleza.
Me ato,
pero quemo toda atadura
a la que me someto.
Liberándome
y permitiéndome
el fuego en lo más de mí.
Trato de respirar
y sólo inhalo humo
de la decadencia humana
en la cual me llegué a sumergir.
Pero debo asimilar que es necesaria.
Mi sombra está intacta
a las decisiones de mi mano,
que lleva las llamas en su toque
creando y destruyendo.
Pero, ¿quién es que hoy soy?
Las noches llegarán
y las lágrimas caerán
en mis sueños
y en mi rostro también.
Pero es porque no deseo apaciguarme.
Cuando parece el fuego mermar
es cuando más vívido puedo llegar a estar.