el mundo exterior de ilusiones es emulado
por mi presente más preciado.
Todo está en extremos, más que nunca
o todo es matices de blanco y negro
o todo está en un enceguecedor arco iris.
Ya no me siento pertenecer,
sólo me veo morir en lo que fui feliz;
lágrimas nublan cada paso que doy.
Yazco mi cabeza con ilusión sin fundamento
en una opción dada por la existencia
a la que no sé cómo mirar,
a la que no sé cómo reaccionar...
a la que siento tristeza;
tristeza de que todo mal comience de nuevo.
Una grata esperanza ronda
en lo armónico de la unión,
la cual asesinamos sin consentimiento,
sin misericordia alguna
y yo contribuyo ferozmente
a destruir el comienzo del gozo.
Han sido enviados a la tierra tantos lamentos
y aún permanecen frescos en el suelo,
un suelo hostil lleno de sangre
derramada en la presunción de amor
a la que se le fue apagada la llama
poco a poco y con crueldad.
¿Un nuevo comienzo?
He perdido la cuenta de ellos ya
y me entristece no divisar el norte
a causa del resentimiento enjaulado
que cruje como una fiera
anhelando destruir mente, cuerpo y espíritu.
Envejezco con cada giro al sol
y en ocasiones me da pavor al imaginar
que entre los dedos adoloridos de mis manos
se escurre mi vida, sin vacilación,
botada a la nada por falta
de un animado esfuerzo de sonreír.
El no creer ahora lo comprendo,
lo que no entiendo es el amar;
suponiéndose éste la mayor fortaleza
y haberse mal usado hasta el punto
de crear veneno maldito
irrigado en el Ser Humano.
Fácil lo es nada ahora:
lo no entendible y lo no alcanzable
se hace presente en cada respirar.
Deseo, incluso, que el dolor sólo físico sea,
olvidando los martirios inmensurables
que atravesó y atraviesa el ser.
Quiero sentir de nuevo
sueños en realidad y simplemente
dejar atrás el dolor y perdonar.