sin ninguna conclusión acerca de mi existir.
Siento como el frío envuelve mi respirar y mi sonreír.
Hay tantas conclusiones que intentan desaparecer mi nobleza,
que intentan derrumbar el recato que me permite sobrevivir.
Ando confuso,
camino con un vacío.
Se que estoy solo en medio de la multitud.
Quisiera despertar y darme cuenta que todo ha sido un largo sueño,
en el que la vida ha hecho una de sus bromas,
inquietantes,
absurdas.
Quisiera decirle adiós a más de la mitad de lo que conozco,
a mucho más
y sumergirme en los mares de lo desconocido.
Sí,
esos mares que siempre están anhelando a que los seres humanos
como Tú, como Yo,
se den cuenta de la pureza,
de la grandeza de lo no conocido.
Surge el miedo,
acallo el fuego interior,
que lo único que quiere es que viva.
Me sigo aferrando a las estupideces del pasado;
no sigo adelante.
¡Basta!
Demando sinceridad y acción.
Demando el pronunciar esas palabras que Dios quiere que las decida,
para librarme de mi propio encadenamiento.
Demando franqueza, orgullo y egoísmo para mí,
para mi individualidad.
Demando sumergirme en la no-mente,
para recibir lo más oscuro del Universo.
¡Cobarde!
Ansío y muero por el pasado.
-Entiérralo-
Me indigno y me mortifico por el futuro.
-Esfúmalo-
¿Qué hay con el realizar de mis sueños?
Esos,
que vagamente aparecen en mi vida
y que me duele que no sean nítidos a mi consciencia.
Esos,
que se escabullen a la miseria,
dictada por voces ajenas.
Esos,
que no brindan mayor seguridad,
en éste -Mi- mundo.
¿Qué hay en el quehacer de mi presente?
¡Defínelo!
Vive.
Sueña, sufre, ama.
Realiza.