a cada respirar
e intento comprender cómo el uno lleva al dos,
mas éste sigue siendo uno.
Una flor amarilla,
/radiante sobre nuestras cabezas,
nos saluda y acaricia de manera afable.
Y la cotidianidad nos llega a absorber
y el ser incluso se olvida de sí mismo.
Una flor morada
/recuerda el tierno toque del pasado,
entonces la gota de -la- esencia embellece -el- rostro.
Y la oscuridad produce destello
y éste vuelve a ser de nuevo oscuridad.
Una flor naranjada
/es hoy como el flujo de la sangre,
intentando inundar los recovecos del alma.
Y huimos a lo inhóspito de la lágrima
y ésta igual, se concebirá en gracia.
El instante es agridulce,
como dice la canción de la sinfonía de la vida.
Respiro.