Camina con una falsa dirección,
vive por medio de una esperanza sin garantía,
sonríe hacia la nada y
espera acordar cosas sin ningún precedente.
Incierto, amado, alegre, autoconmiserado y quizá torpe,
son palabras que lo definen.
Conoce poco de piedad, de cortesía y de hermandad;
conoce mucho de torturas, de golpes y de tristeza.
Decide sus pasos con un ceño fruncido y él, prevenido;
alegra su fe en débiles palabras de consuelo.
No se indigna y olvida fácilmente;
eso sí, no perdona, pero cree hacerlo.
Se sustenta en felicidades, gozos y brincos de emoción;
es de un sentir totalmente efímero.
Es capaz de hallar bienestar en el mínimo momento;
puede dar aliento, incluso, cuando él mismo no lo tiene.
Yo digo que mira su colectivo sin mayor reparo,
lleno a rebosar del mayor egoísmo;
sin saber que en momento de angustia,
busca con ojos cerrados el hombro ajeno para desahogar.
Un ser tan, tan perfecto; infinitamente contradictorio.
Es vil, cínico, perverso, manipulador, malvado;
pero cariñoso, tierno, sublime, sincero, radiante...
Es de hermosa naturaleza.
Quizá esté describiendo a mi ser con lo que escribo;
quizá esté escribiendo lo que pienso en la cosmovisión filantrópica que tengo.
Hago una mezcla muy subjetiva de lo que percibo,
que seguramente el día de mañana cambiará magistralmente.