Con una mirada tuya
llena de engaño,
eres capaz de seducirlo;
eres capaz de hacerle
volver a sentir el dolor,
disfrazado de alegría.
Hay casualidad.
Se puede respirar maldad
en las intenciones con las que cuentas.
Para de hacerle sufrir.
¿No ves?
¿Eres ciego frente a su dolor?